Lo poco de luz que entra
escabulliéndose entre las
persianas me agrada. Entra como si no lo viera, sigilosamente. Y cuando es sorprendido por el humo de mi cigarro se vuelve difuso. Es curioso que ahora que lo has dicho todo, digas nada y sueltes algo. Me mata el conformismo, me extraña mis ganas de ti. Es tonto y raro. Dos cigarros, un
café cortado con leche y mi pie golpeando el piso,
Pierrot the clown. Ya cuando casi se puede escuchar al sol despertar, cuando el cielo se pone de color azul muerto. Es
ahí donde me doy cuenta que estoy pateando piedras en el
jardín de los abnegados.
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